Nosebundo inducido por substancias

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Descripción

Raúl SánchezNosebundo inducido por substancias

Raúl Sánchez nace en San Fernando (Cádiz) en el año 1978. Estudió, en la ya extinta Escuela de Cine de Puerto Real (Cádiz), guión cinematográfico y cinematografía. Antes, trabajó como albañil, colocando toldos, dependiente de videoclub y como ayudante en la instalación de aire acondicionado. Cuando encontró algo de calma, pudo trabajar como teleoperador ―su curro soñado―. Cursó literatura en el salón de su casa durante diez años. Aprendió a puntuar en el año 2009 y su compañera, Mónica, aún hoy le revisa los textos. Tras una insana actividad en foros literarios, decidió dejarlo todo y escribir de una vez su primera novela. En la actualidad edita los poemas de la caja de herramientas que pudo recuperar del incendio. Alguno de ellos, nos dice el autor, son buenos: Ya veremos.

Nosebundo inducido por substancias es ante todo una reflexión sobre la tragedia de la generación del autor, de nuestra generación.

A través de las 326 páginas que la componen, la novela logra de algún modo algo que parece imposible tras la lectura de sus dos primeros capítulos. Nosebundo engancha. Utilizando como andamiaje una sucesión de escenas en extremo lisérgicas donde la realidad y la enfermedad mental se cruzan, copulan y se superponen a veces en un mismo párrafo en la más pura línea del stream of consciousness, Nosebundo inducido por substancias logra, sin embargo, tejer una historia coherente, una narración que traspasa a tres sujetos (Nosebundo, Carlos, Alpavese) que desde el punto de vista del logos tradicional que llamamos “cuerdo” son uno solo pero que para Raúl Sánchez son tres. La forma en que nos presenta los hechos no está elegida en modo alguno con el objeto de sorprender o agradar (ni siquiera de desagradar), y sólo cuando uno cierra el libro tras leer las últimas palabras entiende que esa arquitectura tal vez fuera la única posible para lo que el autor se ha propuesto: poner al lector cuerdo en el lugar del otro, del enajenado, del loco. Por supuesto, no es el primero que se marca ese objetivo ni tampoco el primero en lograrlo, pero la novela cobra un interés especial porque al mismo tiempo que nos arranca de nuestra subjetividad unidimensional nos está presentando una realidad pocas veces reproducida en la literatura española joven: la realidad de los parques, el espacio de la litrona, las pipas y los porros, la realidad de las raves y de los garitos de mala muerte, pero no con la mirada que cabría esperar sino con una que está a la vez dentro y fuera de esos espacios, una mirada con doble perspectiva que muchas veces llega incluso a ser crítica con dicha realidad.

Sobre por qué ese submundo que indudablemente existe, pero que no halla representación dentro de lo que la hegemonía presenta como lo real no ha sido debidamente retratado en la literatura se podría hablar durante horas o días o tal vez meses, pero yo esbozaré dos posibles razones elementales. Estoy seguro de que por la mente del lector ya ha pasado la primera: el camino que la generación de Raúl Sánchez y también la mía ha tomado sólo tiene dos posibles destinos: el abismo o la redención. Desde la redención, es decir, desde el centro, desde lo normativo, no se puede escribir acerca de esa realidad o mejor dicho no se puede describir esa realidad en términos que resulten creíbles. No podemos hablar de ella desde afuera. Tampoco –es obvio– desde el fondo del abismo, y también resulta imposible escribir mientras se camina (inténtenlo) sino sólo cuando se mira hacia atrás. En este sentido, la tercera vía que Raúl Sánchez toma es la del ave fénix.

La segunda razón es que los pocos autores que conforman el canon español joven en la actualidad provienen en su inmensa mayoría de mundos distintos al que aquí nos ocupa (cuyos habitantes, por cierto, se suelen considerar incultos o al menos aculturados por la “cultura de masas” (opinión que evidentemente no comparto o comparto en un porcentaje mínimo (antes diría que se nutren de núcleos culturales alternativos (no hablaré de Zonas Temporalmente Autónomas)))), sino que más bien provienen de realidades desde las que no se puede hablar de lo que Raúl Sánchez nos quiere contar. De lo que nos cuenta.

Terminaré diciendo dos cosas que no puedo soslayar. Lo primero, que la novela (como toda primera novela) está contenida en cierto modo en su comienzo, es decir, en las citas de Alguien voló sobre el nido del cuco y de El almuerzo desnudo. Porque habla de drogas y de locura, de suicidio mental y de desdoblamientos de personalidad, sí, pero también porque aúna el delirio de Burroughs con la excelente capacidad narrativa de Kesey. Lo segundo: si hay una novela para las dictaduras (El Señor Presidente), una para la revolución (Pedro Páramo), una para el ciberespacio (Neuromante), entonces ésta, con todos ustedes, es la novela de los parques españoles. De su cultura y sus reivindicaciones, de su independencia y sus contradicciones, de sus peligros y –a veces– también de su resurrección.

Reseñas:

Nosebundo inducido por substancias, por Ana March. En Culturamas.

Información adicional

Peso 392 g
Dimensiones 135 x 15 x 210 mm

2 valoraciones en Nosebundo inducido por substancias

  1. 3 de 5

    Probablemente el siguiente comentario sea de los peores que pueden leerse, o escribirse.

    Resumiendo: no leas nada sobre la novela, lee la novela.

    Y es que, tras pensarlo un tiempo, creo que el mejor comentario que puede hacerse de este libro es no comentarlo al modo habitual, esto es, mencionando referencias, avanzando pasajes, dando pistas, interpretaciones o anotaciones varias. De hecho, lo peor del libro es lo ajeno a la novela en sí: el texto de la contraportada, el prólogo, el tiempo que tardas en llegar al final. Porque este es un libro al que hay que acercase sin juicio previo, en la mejor ignorancia posible.
    Claro, así ¿cómo publicitarlo, cómo venderlo? Ah, pero es que éste es de esos con los que te topas y dejas macerando en la estantería hasta que llega el momento de leerlo. O de los que te deja un amigo que sabe que llegará ese momento, o no tiene idea pero se lo has visto en la mesita del salón y te ha dado un barrunto de que caerá.

    Tras leerlo, si se quiere, ya puede pasarse a lo accesorio de introducciones, comentarios admirados, asqueados o meramente indiferentes (los más difíciles de encontrar porque, por lo general, la indiferencia no genera discurso), para quizás buscar algo más de lo ya encontrado o entablar discusiones bizantinas sobre algo lo que ya no tiene remedio y demás pajas mentales. Pero, hasta entonces, y como casi siempre, las expectativas podrán distorsionar la percepción y esta historia (y ahora meto yo la pata) requiere de una lectura limpia de impurezas. No digo más.

    Léelo. Cuando toque.
    Y luego, si eso, que rule.
    Porque, a veces, lo mejor no es contarlo.

    PS: podría pensarse que lo dicho vale para cualquier otro libro… Bueno, tal vez para algunas otras obras literarias, sí.

  2. 5 de 5

    Este libro ha llenado un hueco que pocas personas podían intuir que existía. Y felices eran de no intuirlo.
    Un salvavidas que, aunque quizá no te salve, promete hundirse contigo.
    ¿Cuántos salvavidas pueden prometer eso?

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